La esquizofrenia entre el discurso y la realidad (reflexiones de una lesionada).

Los últimos proyectos que he realizado me han llevado a transitar por dos mundos muy distintos: la educación y la salud. Pero, a pesar de las diferencias, en ambos he encontrado un discurso muy similar: hay que situar a la persona (sea el alumno, sea el paciente) en el centro.

En ambos sectores se afianzan corrientes de pensamiento que reivindican la necesidad de un cambio de paradigma. Y no es una cuestión ideologica, es una cuestión de necesidad, de supervivencia.

Trabajando para la Fundació Jaume Bofill he tenido la oportunidad de asistir a interesantes debates sobre los retos de la educación. Los expertos en este ámbito coinciden en el diagnóstico: no podemos educar a alumnos del siglo XXI con métodos y conceptos del XIX. Si lo que se transmite en las aulas no es significativo para el alumno, es imposible que se produzca aprendizaje. En un contexto en que el fracaso y el abandono escolar alcanzan cifras vertiginosas, la búsqueda de nuevos métodos didácticos que acerquen los contenidos educativos a los alumnos se ha convertido en una necesidad. Poner al alumno en el centro, personalizar la educación, adaptar el aprendizaje a las necesidades y el contexto de los alumnos son algunos de los principales retos a que se enfrenta el sistema educativo.

Sin embargo, mi experiencia como madre me dice que, desgraciadamente, estamos aún muy lejos de esa personalización, especialmente en la educación secundaria. Dificilmente un adolescente de 14 años conseguirá apasionarse sentado seis horas escuchando, día tras día, y estudiando con libros de texto. A pesar de que considero que el instituto de mis hijos es un buen instituto, me desespera ver cómo sus ganas de aprender disminuyen al ritmo que van pasando los cursos escolares.

Algo similar sucede en el sector de la salud. Últimamente he estado haciendo estudios de caso en diferentes hospitales sobre la atención al enfermo crónico complejo. Tanto en las entrevistas como, sobre todo, en la literatura me he topado repetidamente con el concepto de la atención centrada en el paciente: empoderar al paciente, hacerle protagonista del cuidado de su salud, adaptar el sistema al paciente en lugar de pretender que sea el paciente el que se adapte al sistema…. Otra vez, la virtud viene de la necesidad. En una población que se envejece y en un momento en que enfermedades que antes eran mortales se han vuelto crónicas, o implicamos al paciente en su propio cuidado o se ahoga el sistema.

A pesar de ello, mi experiencia reciente como paciente me dice que las cosas están lejos del empoderamiento de que tanto habla la literatura. Por suerte, mi caso no es de paciente crónico, ni de paciente complejo. Una inoportuna fractura de tibia y peroné me tiene prácticamente inmobilizada desde hace un mes. Durante todo este tiempo he vivido la experiencia de pasar por urgencias, de ser operada, ingresada y visitada en consultas externas en un hospital público. Y otra vez, a pesar de que no tengo ninguna queja de la atención médica que he recibido – bien al contrario, el profesionalismo del personal de un hospital que ha sufrido recortes notables es admirable – no tengo en absoluto la sensación de estar en el centro del proceso. Más bien en una esquinita, quietecita, y mejor calladita… Se supone que lo único que como paciente puedo hacer es quedarme quieta parada en la cama hasta que mi pierna se recupere. No sea que haga ninguna barbaridad y, como si del juego de la oca se tratara, vuelva a la casilla de salida (o, a la carcel, o al pozo… cualquier cosa).

En fin, esto de estar con la pata en alto da para mucha reflexión. Es lo bueno de romperse una pierna. Que sales del torbellino del día a día y entras en un espacio así como de mirarte las  cosas desde fuera, que también está bien… (a ver si, de paso, me animo a volver a escribir en el blog, que últimamente lo tengo bastante abandonado)

tibia y perone

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Un comentario en “La esquizofrenia entre el discurso y la realidad (reflexiones de una lesionada).

  1. Que te recuperes pronto!! Muy buena tu nota. Pienso que es complejo pasar de la retórica del discurso paciente/estudiante como centro del proceso a las reales prácticas en las que el profesional, en esta relación asimétrica, se deja de lado el supuesto saber médico/docente y se abre realmente al encuentro con el otro.

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