Escuchar conversaciones ajenas: un “tic” de sociólogos

No puedo evitar escuchar las conversaciones ajenas. Esté donde esté: en el metro, en la playa, en la piscina, en un restaurante, en el médico… se me enciende una especie de acto reflejo y me pongo a escuchar lo que dicen mis semejantes.

Imagino que cada profesión tiene sus tics. Los escritores, cuando van en metro, deben inventar historias sobre la vida de los demás pasajeros. Los dentistas agudizarán la vista para mirar en el interior de las bocas ajenas. Los urbanistas se dedicarán a observar los movimientos de la gente cuando coge el tranvia, allá donde vayan. Y los peluqueros se estremecerán viendo cabellos descontrolados – como el mío – y diseñarán mentalmente nuevos cortes más favorecedores y elegantes para sus portadores.

A los sociólogos lo que nos pasa – o como mínimo a mi me pasa – es que chafardeamos compulsivamente. Lo describe muy bien Peter Berger en “Invitación a la sociología” cuando dice (traduzco del catalán):

ojocerraduraSi no fuera por el respeto que merecen sus titulos académicos el sociólogo sería la persona que se dedicaría a escuchar chafarderías, a mirar por los ojos de las cerraduras, a curiosear la correspondencia de los demás, y a abrir armarios y cajones (…) Lo que nos interesa es esa curiosidad que acapara la atención de todo sociólogo ante una puerta cerrada, detras de la cual se oyen voces humanas. Si es un buen sociólogo querrá abrir la puerta, oir y entender lo que dicen las voces. Porque detrás de cualquier puerta cerrada presentirá alguna nueva dimensión de la vida humana que aún no había captado ni comprendido

Pues bien, he de confesar que, a pesar de que mi recorrido en la escucha de conversas ajenas es muy dilatado, este verano me asomé a una cerradura de aquello más aterrador. Fue sólo una frase, pero tuve suficiente para presentir dimensiones humanas que, aún habiendo podido imaginar, nunca hubiera dicho que pudieran llegar tan lejos.

Estaba en la piscina, en un pueblo frecuentado por veraneantes de clase media y alta, cuando de repente oigo a la señora de al lado explicarle a su acompañante:

“A que no te imaginas lo que le dijo el otro día su nieto a fulanito?….

y lo que dijo el nieto era, efectivamente, inimaginable…

“Abuelo, cuándo os morireis la abuela y tú para que podamos heredar?”

La interpretación sociológica daría para libros enteros. Yo me quedo con calcular mentalmente las veces que el niño ha recibido por respuesta “cuando se muera el abuelo” cuando ha pedido unas bambas de esas de marca o ha preguntado que por qué tenían que ir a la casa de la montaña en lugar de viajar a lugares exóticos como sus amigos…

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s