La mayor generosidad: compartir el conocimiento

A lo largo de este mes he tenido la gran oportunidad de participar en la elaboración del Anuario de la educación de la Fundació Jaume Bofill.Ahora que estoy a punto de acabar el proceso, creo que es un buen momento para reflexionar sobre este proyecto que, entre otras cosas, es el culpable de que haya escrito tan poco en mi blog últimamente.

El proyecto ha sido agotador, pero ha resultado muy interesante e enriquecedor, no sólo por el contenido en sí sino, también, por el propio proceso de trabajo que se ha generado para la elaboración del contenido.

En esta edición del anuario de la educación, la Fundació Jaume Bofill se ha propuesto la realización un análisis en profundiad de una serie de retos a que se enfrenta la educación en nuestro país desde un punto de vista cualitativo. Para ello, se han encargado ocho capítulos a ocho autores diferentes, y se les ha propuesto trabajar de una forma algo diferente a la habitual.

Cada autor ha elaborado un primer borrador de su capítulo que ha presentado ante un grupo de personas representativas del sector para su discusión. Estos seminarios “a puerta cerrada”, a los que se ha invitado a representantes de la administración, expertos, profesores y directores de centros educativos, representantes sindicales y de las familias, han permitido discutir a fondo los capítulos y recoger aportaciones muy interesantes, tanto a nivel de diagnóstico como, sobre todo, de propuestas de mejora.

A mi me ha tocado montar todas estas reuniones y la relatoría de las mismas. Una experiencia diferente, que ha implicado muchas horas de gestión y me ha obligado a organizarme, a estar muy presente y a estructurar mi agenda de manera que pudiera dar respuesta a toda esta gestión. Pero, sobre todo, me ha servido para seguir de cerca todo el proceso de elaboración del anuario y aprender muchas cosas, no sólo sobre educación, sino también sobre el propio proceso de elaboración de los contenidos.

De todo esto, me quedo con una idea, y es la gran participación que se ha generado entorno al proyecto. En total he contactado con 145 personas, de las cuales 60 han participado activamente en los seminarios. Algunas de estas personas han venido a más de una sesión, otras se han desplazado desde lejos (incluso una participante vino de Madrid expresamente para la reunión). Personas con agendas muy apretadas han buscado el hueco para poder asistir a las sesiones, pero, sobre todo, lo que más me ha impactado ha sido la generosidad con que han compartido sus ideas y sus reflexiones.

De manera totalmente altruista, estas personas nos han dedicado su tiempo (las reuniones duraban tres horas, y, aunque hemos intentado ser muy puntuales, en algunos casos hemos seguido discutiendo más tiempo del programado). Todos los participantes habían leído el documento que enviabamos previamente al seminario, lo traían subrallado y con anotaciones y habían reflexionado sobre él. Durante las reuniones, los participantes han dicho lo que les parecía adecuado y lo que no, pero, sobre todo, han aportado sus perspectivas, sus experiencias, sus reflexiones y sus opiniones respecto al tema que estábamos tratando aquel día. Y lo han hecho con ganas de compartir sus ideas y, sobre todo, de ayudar al autor o autora a enriquecer su documento y a realizar propuestas acertadas para la mejora de la educación.

Durante las reuniones hemos vivido momentos de discusión intensa, en los que se palpaba la pasión de todas las personas que había alrededor de la mesa por el tema que se estaba hablando. Ha habido opiniones encontradas algunas veces (pocas) pero siempre desde un gran respeto y consideración. Y también ha habido aportaciones imaginativas, valientes y atrevidas, mucha crítica hacia el sistema pero también reconocimiento de aquello que se hace bien. Y, sobre todo, unas ganas colectivas muy grandes de mejorar y de avanzar hacia un sistema educativo de calidad y que se adecúe a las necesidades sociales actuales.

Invariablemente los autores y autoras de los documentos han salido muy satisfechos del resultado. Ojalá siempre pudiésemos escribir así, han dicho casi todos. Ojalá, en lugar de enfrentarnos sólos ante los problemas, ante el papel en blanco, pudiéramos escuchar a otras personas que están trabajando sobre lo mismo, contrastar visiones, enriquecer nuestra perspectiva y ampliarla con la de otras personas.

Y si, es verdad: ojalá siempre pudiéramos compartir, contrastar, analizar conjuntamente y aprender los unos de los otros. Por suerte, hay una gran generosidad y ganas de compartir el conocimiento. Simplemente hay que saber crear los procesos para que eso pase. Y, cuando sucede, es un verdadero lujo poderlo presenciar.

 

 

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2 comentarios en “La mayor generosidad: compartir el conocimiento

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