El peligro de la relación causa efecto

Un grupo de turistas sube a la montaña sagrada del Kinabalu. Desoyendo los ruegos de su guía, se desnudan y se hacen un selfie, que luego cuelgan de internet. Una semana después, se desata un terremoto y mata a 18 personas. Conclusión: los jóvenes desafiaron a los espíritus de la montaña sagrada y provocaron su ira. El consejo de ancianos se reunirá para decidir la pena que deberá imponerse a los jóvenes a fin de resarcir a los antepasados, y que probablemente consistirá en el sacrificio de unos cuantos búfalos. Causa – efecto. Consecuencia: unos cuantos búfalos morirán sacrificados y las cuentas bancarias de los jóvenes nudistas sufrirán un pequeño descalabro.

Leo esta noticia en el AVE Barcelona – Madrid, con vistas a los Monegros y a 299 km / hora. Es la ventaja de viajar: te da tiempo a leer la prensa de cabo a rabo y en papel, y no en cinco minutos y en el móvil mientras te apresuras con tu café con leche matinal.

La historia queda flotando en mi mente durante un buen rato. Pienso en la cantidad de veces que atribuimos causalidad cuando la explicación reside en la casualidad. Pienso también en la cantidad de veces que sacamos conclusiones precipitadas, a partir de unos pocos hechos, y sin analizar a fondo todos los factores en juego. Y pienso en las consecuencias de toda esa causalidad precoz a que estamos tan acostumbrados.

Sin ir más lejos, empiezo a reflexionar sobre las noticias que acabo de leer, extensamente, en La Vanguardia de hoy.

Pienso en esa palabra que, a partir de hoy, entrará a formar parte del lenguaje común de todos los catalanes: catáfora. Mi hija me preguntó ayer: “sabes qué es una catáfora”. Pues.. “un catamarán con un agujero (forat ) en el centro?”… Pues no. Es “un recurso literario que se utiliza para anticipar el significado de una parte del discurso que va a ser emitida a continuación”. Suspenderías la “sele”, sentenció mi hija. Causa – efecto. Consecuencia: mi hija, que aún está en cuarto de ESO, ya está “acojonada” por la sele.

Pienso también en la entrevista de “La Contra” a un neurofisiólogo y neuroingeniero que explica lo fantástica que es la estimulación eléctrica del cerebro para curar enfermedades graves como la depresión, el ictus o el parkinson, pero también para concentrarse y para relajarse. Explica que en breve se comercializarán unos gorritos con cables por todas partes, que nos pondremos para estimularnos o para relajarnos, y que van la mar de bien. Pienso en todos esos niños diagnosticados con TDAH, y en el negocio que van a ser los gorritos de relajación electroneuronal. O en todos los niños que se aburren soberanamente al estudiar o al hacer los deberes y que en breve solucionarán todos sus problemas de concentración con un gorrito con cables de colores. Causa – efecto. Consecuencia: una nueva fuente de desigualdad entre los niños cuyos padres pueden permitirse gorrito y los que no?.

Pienso finalmente en la noticia – que también acabo de leer – de que Mas ha decidido adoptar una nueva “marca” inspirada en Barcelona en Comú, para enfrentarse a las próximas elecciones autonómicas. El debacle de Convergencia en las municipales es innegable. El ascenso de Barcelona en Comú también lo es. Barcelona en Comú ha acertado con la marca, ergo: si cambiamos de marca, ganaremos las elecciones. Causa – efecto. Consecuencia? Bueno… ahí le dejo la reflexión al Sr. Mas.

Reflexión final:

He cogido tres noticias al azar, pero el caso es que causalizamos a troche y moche sin darnos cuenta. En historias como las de los nudistas del Knabalu, si se aplica la lógica, resulta fácil ver que hay un hilo de razonamiento que está fallando. Pero en el día a día caemos constantemente en la misma trampa. No pienso que por desconocer la palabra catáfora se vaya a suspender la selectividad, no dudo que la estimulación neuronal sea un hallazgo interesante pero me da miedo la tentación de buscar soluciones fáciles a problemas complejos, y creo que las causas de la debacle de Convergencia van mucho más allá de una cuestión de “marca”.

El problema es que cuando leo la prensa en un minuto y no tengo la vista perdida en los Monegros todas estas reflexiones se me escapan, y eso es peligroso.Consecuencia: debería viajar en AVE cada mañana.

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Un comentario en “El peligro de la relación causa efecto

  1. Hola Claudia ! Me ha encantado tu post.

    Todo un alegato hacia la reflexión con la mente abierta. Intentando no condicionar el camino para ver hasta dónde puede influir el azar.

    Y tirando del hilo, siguiendo con las “causalidades”, pienso en cuantas decisiones, fruto de correlaciones espurias (http://www.dineroenimagen.com/2014-05-19/37408), nos estarán influyendo en nuestro día a día.

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