¿Por qué a los barceloneses no les gustan los turistas?

Últimamente las quejas vecinales contra el turismo en Barcelona ocupan las primeras páginas de los diarios. Desde las movilizaciones de este verano, el “problema” del turismo se ha convertido en un tema recurrente en los medios de comunicación. El turismo aporta un volumen de ingresos importantes a la ciudad de Barcelona: según un artículo publicado recientemente en La Vanguardia el turismo representa el 15% del PIB de la ciudad condal y es una fuente importante de empleo. Sin embargo, los barceloneses se quejan de los turistas y se muestran en contra del modelo de desarrollo turístico imperante en la ciudad.

¿Qué está pasando?. Tal como se presenta el tema, parece que se trate de un problema reciente pero, en realidad, viene de lejos.

A mi, personalmente, no me extraña en absoluto el clamor ciudadano en contra del turismo y de la actividad turística en nuestra ciudad. Al contrario: me parece increible que haya tardado tanto en explotar. Y, a pesar de que no he realizado ninguna investigación sobre el tema, ser vecina de ciutat vella me proporciona un montón de datos y argumentos (en este caso subjetivos, pero no por ello menos válidos) que respaldan mi afirmación.

Graffiti en una calle de ciutat vella
Graffiti en una calle de ciutat vella

Me instalé en ciutat vella hace casi 20 años, que son muchos. Alquilé un piso fantástico en la calle Princesa, con cuatro balcones a la calle y un montón de luz. El edificio estaba ocupado por una escuela concertada – el colegio Álvarez – y tres viviendas. Hoy mi casa es un hotel, y el colegio Álvarez ha dejado de existir. Cada vez que paso por delante de lo que un día fue mi hogar me invade una sensación extraña al pensar en que mi dormitorio se ha convertido en una habitación de hotel, insulsa e impersonal.

hotel-ciutat-de-barcelona
Hotel Ciutat. Aquí estaba mi casa.

Cuando me fui de Princesa vine a vivir a la zona de Sant Pere y Santa Catalina, justo delante del Palau de la Música. Cuando llegamos a este piso aún no se habían hecho las obras del Petit Palau, ni la rehabilitación del mercado de Santa Catalina.  Esta era una calle básicamente residencial: silenciosa y tranquila. En los 15 años que llevo viviendo aquí, mi calle y mi barrio se han transformado radicalmente.

Mi calle desemboca en el Palau de la Música, es peatonal, y tiene exactamente 110 metros de largo por seis de ancho. Cuando llegué, los únicos establecimientos que había en la la calle eran un pequeño bar al que solía bajar a tomar el café y hablar con mis vecinos y una peluquería. Hoy ese bar ha desaparecido y en su lugar hay un restaurante para turistas. Además, se han instalado dos bares más, un restaurante italiano, un teatro alternativo, una tienda de souvenirs, una tienda de cerámica y una tienda de objetos de regalo… El último en abrirse, justo en frente de mi portal, ha sido uno de esos “coffe shops” para consumir marihuana que se supone que son para el auto-consumo socios pero que, en realidad, el ayuntamiento “sospecha” que está dirigido a turistas que se hacen socios, consumen… y se van (o eso es lo que se explica en El País).

Club privado Alcatraz
Club privado Alcatraz. Justo delante de casa.

El salón de mi casa da a un patio de casas, con pequeñas terrazas ajardinadas y una estructura desordenada típica del casco antiguo. Cuando vine a vivir aquí, los meses de verano abría el balcón y oía cantar a los pajaritos. Ahora los aires acondicionados de los locales que se han instalado delante del Palau de la Música (dos tiendas para turistas y un bar de copas) me impiden abrir la ventana.

Hace poco a los vecinos de al lado les dió por alquilar su apartamento a turistas – aunque es ilegal. Los oías trajinar maletas arriba y abajo por la escalera, llegaban por la noche y ponían la música a tope (estaban de vacaciones!!!) y no dejaban dormir a nadie. Por suerte, entre todos los vecinos conseguimos atajar el problema, pero tengo amigos que andan desesperados porque no han tenido tanta suerte como nosotros y muchos se plantean irse del barrio.

En mis recorridos habituales lo que más encuentro son turistas. Si paso por la plaza de la Catedral a las nueve de la mañana tengo que sortear varios grupos de turistas que se preparan para”invadir” el barrio gótico. Van todos equipados con walkmans y cámaras fotográficas y persiguen a sus guías, que marcan el camino con banderitas o paraguas. Hay días que he llegado a contar hasta cinco grupos de unos 30-40 turistas sólo en la plaza de la Catedral. Si se me ocurre ir al mercado de Santa Catalina – a la Boquería ya hace tiempo que he renunciado a ir – por todas partes hay “guiris” fotografiando los pescados mientras sorben los zumos de fruta que venden a la entrada del mercado. Las Ramblas están tan llenas de gente que hace tiempo que he dejado de recorrerlas: sólo las atravieso (y, por lo que dice El Periódico parece que no soy la única).

Las Ramblas. Siempre a tope.
Las Ramblas. Siempre a tope.

La entrada a mi calle está, cada dia y a cada hora, ocupada por un muro de turistas que fotografían el Palau de la Música. Llegan, hacen su foto y se van. Uno detrás de otro. Un día me aposté delante del Palau y cronometré el tiempo que pasaban: no más de cinco minutos. Justo lo necesario para hacer la foto e impedir el paso de los vecinos (el blog “sociological imagination” me publicó un post sobre este fenómeno en la seción de “visual sociology”).  Hay días en que llegar cargada a mi casa es una auténtica aventura.

Turistas frente al Palau de la Música
Turistas frente al Palau de la Música

En fin, que en unos años he visto como mi barrio se deshumanizaba, convirtiéndose cada vez más en un parque temático. Ya no conozco a la señora de la tienda que me vende las latas de atún, los bares que han abierto alrededor de mi casa tienen todos precios prohibitivos (los turistas no suelen reparar en gastos). Tengo un montón de tiendas de souvenirs a tiro de piedra pero en cambio es bastante difícil encontrar ferreterías, droguerías, lencerías, pescaderías o floristerías.

Aún quedan algunos vecinos que se resisten a abandonar el barco. Pero cada vez somos menos y al paso que vamos todo el mundo acabará mudándose – yo incluida. Ya conozco a mucha gente que se ha ido a otros barrios. Un amigo que hace poco ha cambiado su fantástico apartamento de la barceloneta con vistas al mar por un piso de Nuñez y Navarro en el ensanche me comentaba lo contento que estaba con el cambio: “llegó un momento -afirmaba- que cada vez que oía el <No woman no cry> me entraban ganas de matar a alguien”.

Alguien me dijo una vez que el Ayuntamiento acabaría pagando figurantes para que salieran a pasear el perro y caminaran por la calle con bolsas de la compra para que los turistas creyeran que aquí aún vive gente … Y es que al paso que vamos, los vecinos van a  desaparecer, expulsados hacia otras zonas más amables de la ciudad (eso que a los sociólogos nos gusta llamar la gentrificación).

También conozco a gente de otros barrios que están igual de desesperados. Vivir cerca de la Sagrada Familia o de la Barceloneta constituye hoy en día una verdadera heroicidad. Este verano muchos ciudadanos de Barcelona han salido a la calle para quejarse. Según el diario.es ayer mismo una marea amarilla de vecinos de la Barceloneta se manifestaban en la Plaza San Jaime en contra de los pisos turísticos y el modelo de desarrollo turístico promovido desde el ayuntamiento .

Imagen publicada en twitter por  João França (@jotaemi )
Imagen publicada en twitter por João França
(@jotaemi )

Y aunque parezca que todo esto se haya organizado ahora, el descontento de los vecinos de la Barceloneta  también vienen de lejos. En 2007 participé en un documental (50+1) sobre las quejas vecinales contra el plan municipal para instalar ascensores en la Barceloneta, que suponía el desalojo de más de 1.000 familias. La Barceloneta se había convertido en “la gallina de los huevos de oro” y el sentimiento de los vecinos de toda la vida era que estaban siendo expulsados de allí, mientras veían como la invasión turística iba desmembrando su barrio día tras día.

Dos años antes Joan Subirats publicaba “Del chino al raval“, un estudio sobre la transformación urbanística del Raval en el que alertaba del peligro de gentrificación y de la distopía de parque temático en el centro de Barcelona y hablaba explícitamente del “riesgo de que el barrio se convierta en un parque temático destinado a los turistas”, cosa que ya está sucediendo.

En definitiva, lo que hoy oimos no es más que el eco de quejas vecinales que llevan ya muchos años gestándose. Hoy nos sorprendemos de que los vecinos salgan a la calle a quejarse. Pero hace ya tiempo que muchos barrios de Barcelona están bajo la espada de Damocles del turismo. Los datos de que dispongo son puramente subjetivos, y soy consciente de que detrás de estos argumentos hay poco método… pero mucha razón.

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7 comentarios en “¿Por qué a los barceloneses no les gustan los turistas?

  1. Si puedes llegar a ser lo más objetiva posible esto se llama observación participante, es una metodología usada, por ejemplo, en el estudio de los movimientos sindicales y de izquierda durante la transición, donde los investigadores pertenecían a esos movimientos.

    1. Hola José Ramón

      Gracias por tu comentario. Tienes razón, y en ocasiones he utilizado la técnica de la observación participante con mucho éxito. Recuerdo un estudio que hice hace unos años sobre el perfil de las personas que tejen con lana. Además de entrevistas y grupos de discusión, lo que más información me dio fue apuntarme a un curso para aprender a tejer. Además de hacer bufandas para toda mi familia, me sirvió para entender lo que se siente cuando se teje, las dificultades, las alegrías, el ambiente que se genera en las tiendas de lana… en fin, un montón de información que de otra manera no hubiera podido recoger.
      En este caso es diferente. Hablo de mi experiencia personal, como vecina de ciutat vella desde hace un montón de años. Y no lo puedo hacer objetivamente ni que lo intente (incluso, aunque fuera posible eso de la objetividad, pero eso es otro debate).
      Sin embargo, creo que son reflexiones útiles y necesarias. Muchas veces la gente que no vive dentro de una situación no puede comprender los por qués de las cosas. Y, consciente de mi subjetividad, intenté explicarlas aprovechando ideas y conceptos que me ayudan a explicar lo que siento (como el concepto de distopia de parque temático o de gentrificación) y lo que me explican mis vecinos y amigos. Pienso que es otro tipo de perspectiva, pero que sigue siendo válida e interesante, y que puede ayudar a entender cosas que, de otra manera, son dificiles de percibir.
      Quizás en este caso estaríamos hablando de otra técnica nueva… podría llamarse participación observadora?

      1. Claro, tu en este caso estas visualizando una parte del problema, desde tu propia perspectiva y la de los vecinos de Ciutat Vella, tener opiniones de las otras partes daría una mayor perspectiva.

        Hace unos años un ayuntamiento costero de Catalunya se puso en contacto con migo por que querían llevar a cabo un estudio para cambiar la imagen que tenían de turismo de borrachera, lo primero que les dije fue que hicieran una definición de turista, si era el joven extranjero o español que llegaba de vacaciones con animo de divertirse desenfrenadamente, o una persona, tal vez algo más madura que se planteaba unas vacaciones relajadas; no volvieron a contactar con migo.

        Otro ejemplo aunque este va en dirección contraria fue la construcción del parque “Terra Mítica” como elemento que cambiaría el modelo de turismo en Benidorm, de un turismo de juerga a uno mucho más familiar; el parque ha sido una ruina desde que se abrió.

        Siendo de Alicante el tema del turismo es fundamental para mi, si quieres debatir el tema estoy abierto a exponerte mis ideas.

  2. Gracias por los comentarios. Es un tema que nos afecta a todos y, creo, que lo importante es que se hable y que se puedan visualizar todos los pros y los contras.
    Me apunto tu oferta, y si tengo la ocasión de poder investigar más a fondo sobre este tema contacto contigo!!!!

  3. Hola Claudia , muy interesante tu artículo, estuve hace 2 semanas en Barcelona, y llegué a tu blog porque busqué en google ¿porque los barceloneses son tan pesados? y salió tu blog porque no les gustan los turistas, soy chilena, en 3 ocasiones he estado en España, pero sólo esta vez fui a Barcelona (por el día) tomé el tren rápido muy temprano y regresé por la noche y me quedé con la sensación (con mucho respeto lo digo) ¿Porqué los barceloneses son tan desagradables? lamentablemente a veces tendemos a generalizar, en el teleferic de Montjuic, pregunté donde estaban los servicios higiénicos y me contestaron de mal modo, en la estación de trenes Barcelona Sants, pregunté al guardia dónde estaba la sala de espera también me contestó de mal modo, me pregunté no será mucho 2 personas ligadas al turismo que no tengan una gotita de amabilidad? Por este motivo me sirvió mucho tú visión, pero te pregunto, ¿cual es la solución?
    Saludos
    desde Chile
    Angela Medina

    1. Hola Angela,
      Gracias por tu comentario. Tienes razón: la sobresaturación del turismo lleva a comportamientos poco justificables, incluso maleducados, con personas que simplemente están visitando nuestra ciudad y no comprenden por que reaccionamos con tanta rabia.

      La solución al problema es clara pero difícil. Las causas son evidentes, y se derivan de la sobresaturación y la sobreexplotación turística a que está sometida nuestra ciudad. Sin ir más lejos, sospecho que los propietarios del piso de al lado mío han dedicido alquilarlo a turistas, pues desde hace poco más de un mes tengo juerga nocturna constante al lado de mi habitación y no puedo dormir… eso genera rabia y desesperación. Me encanta mi ciudad y me encanta mi barrio, pero se que si la cosa sigue así tengo los días contados y que un buen día renunciaré a caminar por el gótico cuando salga de casa por la mañana y me iré a vivir a un barrio residencial donde no haya turistas.

      Conocer la causa nos permite identificar rápidamente la solución: regular el turismo, evitar abusos, castigar la especulación y promover un uso de la ciudad en el que la actividad turística no sea incompatible con la vida de sus ciudadanos. Desgraciadamente hay muchos intereses económicos para que eso no pase. Afortunadamente la política en nuestro país está cambiando y están surgiendo nuevas iniciativas ciudadanas que reclaman que otra política es posible y que, entre otras cosas, proponen un enfoque diferente del turismo en Barcelona.

      Las próximas elecciones municipales (y también las estatales) son clave para ver hacia dónde va a ir esta ciudad: hacia el malestar de turistas y cuidadanos, que acabe con la gentrificación del centro histórico y la mala fama de Barcelona como ciudad turística o hacia un modelo turístico basado en la convivencia y en el respeto. Yo tengo esperanzas… porque la esperanza es lo último que se pierde.

    2. No todos los empleados que se dedican al turismo son iguales. Pero no les negaré que en todas partes puede haber maleducados/as que respondan groseramente, pero no se engañen, ese mal educado/a suele contestar mal a todo el mundo, independientemente de si es un turista, un compañero o su vecino, habría que preguntarse entonces quien fue el inepto que le contrato para atender al cliente.

      En el teleférico de Montjuic y el funicular no hay lavabos públicos, ni en los alrededores.En la ciudad de Barcelona la ley exige que sean los locales públicos como los restaurantes y los bares los que den gratuitamente a los turistas la posibilidad de acceder a sus servicios (WC). Imagínese, en determinados locales, colas interminables de turistas, con lo que conlleva un gasto extra y un esfuerzo por parte de los empleados. Pudiera pensar entonces que eso significaría una aumento sustancial en las ventas de dicho local, pero en muchos locales ha supuesto un deterioro constante en las instalaciones. Lo que quiero decir, que la ciudad de Barcelona, en este momento está cargando por ley con la obligación de tratar bien al turista. El ayuntamiento no ofrece servicios, lavabos públicos pero obliga a los particulares por ley a que cedan los suyos a los ciudadanos aunque estos no consuman, No es una mala idea. Pero eso no lo arregla todo.

      Puede ser que el ayuntamiento de la ciudad no ofrezca los servicios adecuados al turista y repercuta en los empleados. Imagínese, un empleado de atención al público al que cada día cientos de usuarios le pregunten por el servicio. En este caso Montjuic. Y la respuesta que se le da al cliente sea siempre negativa. Y muchos de esos usuarios enfadados con la situación carguen contra el empleado, cada día, por un servicio que no da el ayuntamiento o su empresa. Es decir, entiendo que puede haber empleados maleducados/as pero eso no quiere decir que todos lo sean. Aquí el turismo es fundamental, pero muchas veces los empleados que dan la cara están indefensos. Si le roban la cartera al cliente, y la policía no se presenta, el cliente carga contra el empleado. Si no hay lavabos el cliente carga contra la ciudad pero es el empleado el que da la cara. Si un cliente pide información a cualquier empleado da por hecho que este debe dársela para cuidar el turismo. Muchas ocasiones el turista pregunta al empleado infinidad de cosas que no tienen que ver si quiera con el servicio que da la empresa. Preguntan por un restaurante, o lugares que no tiene obligación de saber. A muchos de estos clientes se les dirige al puesto de información turística y entonces les llaman maleducados. He visto casos en los que los clientes pedían información a un técnico cargado con una caja de herramientas y que no tenía ni idea de lo que le estaba preguntando el turista ni tiempo para contestarle. “Así va España dice un cliente a un empleado que es de Brasil”. Algunos clientes se cuelan para pedir información y otros exigen servicio especial por ser de determinado grupo. En mi opinión ciudades como Barcelona están voluntariamente acogiendo más turistas de los que puede aceptar. Pueden venir los turistas que quieran, pero que los ayuntamientos inviertan en ellos y no carguen con toda la responsabilidad a los ciudadanos, sean empleados o no. Lo dicho, el ayuntamiento tiene que ser el primero en cuidar del turista y dar herramientas al ciudadano.

      Anónimo. empleado.

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