El síndrome del principito

El-principito_54395981451_51348736062_224_270La semana pasada, haciendo trabajo de campo para el proyecto sobre el impacto social de la Marató de TV3 me pasó una cosa curiosa.

Estuve en una escuela charlando con profesores y alumnos y recogiendo sus opiniones. Los profesores hablaron y hablaron y hablaron. Me explicaron muchas cosas. Emocionados con el proyecto de la Marató, que aquella escuela vivía muy intensamente, me contaron todo lo que hacían, me enseñaron un vídeo y respondieron – más o menos – a las preguntas que les hacía sobre el impacto de este programa televisivo que más que un programa es un auténtico fenómeno social (algún día escribiré sobre ello).

Después les tocó el turno a los alumnos. Muy disciplinados, se sentaron en la sala de reuniones y fueron contestando a mis preguntas. Uno a uno, ordenadamente y sin interrumpirse. Frases cortas, y respuestas concisas a cada una de mis preguntas. A menudo, respuestas más cortas que las propias preguntas. De esas de sujeto, verbo y predicado. Sin grandes discursos ni elucubraciones.

Salí de allí con la sensación de que los profesores me habían explicado muchas cosas, pero que con los alumnos no había conseguido extraer demasiada información.

El otro día estuve escuchando la grabación y haciendo el volcado de la información. Con los profesores, iba resumiendo la información más importante, pero muchas de las cosas que me expicaban eran redundantes, poco relevantes para mi proyecto o repetidas. Con los alumnos acabé trascribiendo prácticamente todo lo que decían. Sus respuestas, que en el momento de dinamizar el debate me habían parecido tan concisas, resumían en pocas palabras lo que a los profesores les tomaba largos párrafos explicar. La sinceridad y la claridad de los alumnos, la respuesta clara y certera a mis preguntas, y, sobre todo, la brevedad con que sintetizaban sus ideas me pareció increíble. Y más increible aún mi incapacidad para darme cuenta, durante el grupo, de que estaban respondiendo perfectamente y exactamente a todo lo que les preguntaba.

Lo expliqué en casa, a la hora de cenar, y mi hijo pequeño me dijo: eso es lo mismo que pasa en el principito. Y tenía toda la razón! Es el síndrome del principito…

 

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3 comentarios en “El síndrome del principito

  1. Hola Claudia,

    Muy bueno este artículo. Los niños no dejan de sorprendernos, y lo malo del asunto es que a veces los tratamos como si fueran niños, ¡pero nos olvidamos que son pequeñas personitas que a veces tienen las ideas más claras y ordenadas que nosotros!. ¿Recuerdas mi artículo sobre Santiago? Es algo similar…

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