Cada entrevista, un mundo

Ayer estuve haciendo entrevistas cualitativas en profundidad. Hice dos entrevistas: una por la mañana y otra por la tarde. A pesar de que el objetivo de las dos entrevistas era el mismo, el guión igual y la entrevistadora era yo en los dos casos, las dos entrevistas fueron completamente diferentes.

En la primera entrevista mi intervención fue mínima, planteando grandes temas y dejando que la entrevistada desarrollara su discurso. Fue una entrevista fácil, en la que lo más importante era la escucha y la empatía. A pesar de que los temas de los que hablamos eran duros, y que implicaban situaciones y vivencias difíciles, toda la entrevista se desarrolló en un clima de cercanía y confianza.

En la entrevista de la tarde, en cambio, tuve que dirigir mucho más: hacer preguntas para intentar entender lo que pensaba la entrevistada, interpretar, leer entre lineas, parafrasear, resumir y recoger para lanzar nuevas preguntas… A pesar de que el clima era igual de afable que en la entrevista de la mañana, no se conseguí que hubiera la misma conexión. Me costó mucho más dirigir la conversación hacia el objetivo de la entrevista, y tuve la sensación de tener que preguntar constantemente para poder extraer  información relevante .

En fin, nada que ver una entrevista con la otra. Pasa como en el mundo de la moda: con el “pret a porter” no basta, lo que se necesita es un traje a medida cada vez!!!!

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