David Gurney. El detective popperiano.

Este fin de semana lluvioso me ha pillado con muchas ganas de leer y pocas de salir. Una  parte de la culpa la tiene John Verdon, que ya me “enganchó” con “No abras los ojos” y ahora me tiene en vilo con “Deja en paz al diablo”, una nueva aventura del detective David Gurney condimentada con los deliciosos platos que cocina su mujer Madelaine en su casita campestre en los Catskills, al sudeste de Nueva York.

dejaenpazaldiabloEl caso es que las novelas policíacas siempre me han gustado. Quizás es porque me siento identificada con los detectives, en su lucha por “desentrañar” la verdad… aunque, por suerte, mi trabajo es mucho más plácido y los retos a que me enfrento son mucho menos sórdidos. Hace un tiempo ya escribí un post sobre este tema.

Estoy aún en el principio de la novela, cuando se plantea el reto y el detective empieza a recoger información aquí y allá que puede serle útil… o no. Si lo traslado a mi actividad como investigadora social es esa fase tan emocionante en la que descubres un nuevo mundo y recopilas todo lo que encuentras, sea lo que sea. Después, a medida que vas avanzando en el tema, te vuelves más selecta y vas afinando los criterios de búsqueda.

Sin embargo, a veces te asalta la duda de si es necesaria toda esa información. A menudo las prisas, la necesidad de tener resultados “tangilbles” y de demostrar (o demostrarte) que estás “avanzando” te obliga a pasar por esta fase más rápido de lo que quisieras o debieras. Y no siempre es buena idea.

Gurney lo explica magníficamente, cuando se lanza a hacer interrogatorios y empieza a hablar con gente sin haber leído aún los papeles del sumario ni haberse sumergido en todos los detalles del caso. Y su reflexión tiene un punto “popperiano” cuando afirma que uno de los principales errores es concentrarse en buscar pruebas que validen lo que quiere demostrar:

A lo largo de los años había descubierto que uno de los peores errores que puede cometer un detective es centrarse en un posible patrón cuando posee muy pocos datos, porque una vez que se cree que existe un patrón, se tiende a desechar los datos que no encajan en él. Se desprecia cualquier aspecto que no se adecue con la idea perconcebida.

Para evitar cometer ese error, la receta del detective es no saltarse esa primera fase de una investigación y dedicarle el tiempo que se merece.

El tiempo dedicado sólo a mirar, escuchar y absorber tiene un valor tremendo. Y cuanto mayor sea, mejor será la forma de iniciar una investigación.

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