El arte de entrevistar

Lo de que entrevistar es un arte lo he tenido siempre muy claro. Aunque tal vez a primera vista pueda parecer fácil, hacer una buena entrevista requiere años de experiencia y mucha, mucha técnica.

Recuerdo muy bien mi primera entrevista. Era con un alto directivo de una gran empresa (no diré aquí el nombre) y yo, recién salida de la universidad, no tenía ni idea de hacer una entrevista. En la facultad de sociología me habían explicado que existía una técnica llamada entrevista, pero jamás había realizado ninguna entrevista, ni siquiera como acompañante. Llegué media hora antes al lugar acordado, después de haberme cambiado veinte veces de ropa, y temblando como un flan. El caso es que intenté preguntar, como buenamente pude, siguiendo el guión que había preparado minuciosamente. Pero estaba tan nerviosa que no debí hacerlo muy bien, pues en un momento dado recuerdo que el entrevistado me dijo – bastante enfadado – que no podía seguir perdiendo su tiempo y que le dijera exactamente qué quería saber. Cinco minutos después estaba fuera. Recuerdo que caminé sin rumbo por la calle, llorando como una magdalena, convencida de que nunca sería capaz de hacer una entrevista y pensando en replantearme radicalmente mi carrera profesioal como socióloga.

Han pasado ya unos cuantos años desde esa primera entrevista, y poco a poco he ido cogiendo experiencia en el tema. He ido aprendiendo, incorporando nuevas técnicas y, en la medida de lo posible, innovando en el arte de la entrevista. Me he dado cuenta de lo importante que es escuchar, y de lo dificl que es saber preguntar. De cuántas cosas se obtienen observando la comunicación no verbal, y de que es tan importante lo que se dice como lo que no se dice, o el cómo se dice. Y, sobre todo, a medida que he ido aprendiendo más y adquiriendo experiencia, he conseguido disfrutar enormemente haciendo entrevistas. Hasta el punto de que hoy no me veo en otra profesión que no sea esta.

Hoy, leyendo el libro de Steinar Kvale “Las entrevistas en investigación cualitativa”, de la colección Investigación Cualitativa dirigda por Uwe Flick (por cierto, altamente recomendable), he encontrado este párrafo, con el que me he sentido muy identificada, y que me ha traido todas estas memorias:

La cercanía de la entrevista de investigación a la conversación cotidiana puede haber levado a pensar en una supuesta simplicidad que ha contribuido a la popularidad de la entrevista de investigación: es demasiado fácil empezar a entrevistar sin ninguna preparación o reflexión previas. Un investigador novato puede tener una buena idea, tomar una grabadora, salir y encontrar a algunos sujetos, y empezar a interrogarlos. Las entrevistas grabadas se transcriben y entonces – durante el análisis de las numerosas páginas de transcripciones – sale a la superficie una multitud de problemas sobre el propósito y el contenido de las entrevistas.
La probabilidad de que estos estudios de entrevistas espontáneos lleven a una información valiosa es escasa: más que producir conocimiento importante nuevo sobre un tema, estas entrevistas pueden reproducir opiniones comunes y prejuicios.

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